sábado, agosto 16, 2008

El clasificador (fragmento 2)

No le prestaba libros a mujeres. En los tiempos del amor aquello parecía un gesto mezquino, otro caparazón que aceleraba el advenimiento del inevitable frío, de la distancia rapaz.
O era generoso en demasía, y cuando ella pretendía devolver el préstamo, negaba como un caballero y le decía que no, que ahora era suyo, que se lo quedara. Y a las damas su regalo no las deslumbraba como una actitud romántica, sino como desapego quirúrgico, una ridícula pose de dandy.
Pero lo cierto era que no soportaba, a la distancia, ver las marcas de ellas en sus libros, las crucecitas que señalaban las páginas que las habían cautivado como él ya no lo haría, el subrayado obsesivo de una frase aislada, perdida e incomunicable; en fin, los únicos signos de amores perdidos que ya no eran líneas de lápiz en papel arroz, sino tajos en su piel que le dolían tanto como el día siguiente al adiós.

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lunes, julio 14, 2008

El clasificador (fragmento)

Yo solía distinguir las lluvias. Lo hacía con una precisión pasmosa. Separé las buenas de las malas. Las deseadas de las indeseadas. La lluvia de verano con su beso húmedo, de aquella tarde en que mis lágrimas se confundían con las gotas.
Luego me volví viejo y mi visión se tornó borrosa. Perdí el olfato para las lluvias. Confundí tormentas con garúas, chaparrones con lloviznas. Maldije por meter el pie entero en las baldosas flojas, por no tener cómo cubrirme. Me refugié bajo los toldos de las veredas mientras el agua lo lavaba todo.
Me sentí tranquilo. Estaba seco. Perdí mis lluvias, de a una, hasta olvidarlas todas.
Cierta vez me distraje y salí sin mi piloto. Dejé en casa el paraguas. Un sol mezquino me engañó esa mañana, y entonces lloviste.
Cómo explicar aquella sorpresa. Grité, creo, pero los truenos me silenciaron. No supe qué hacer, mientras los transeúntes se apuraban para salir ilesos de aquel diluvio original, y la boca de subte los tragaba con su maxilar incansable y su sonido de urbe oxidada.
Me quedé quieto. El agua penetró mis ropas. Me empapé.
Después, estuve mojado.

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