martes, abril 28, 2009

El deseo y el amor

¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?
¿Hablamos de flechazos? ¿De cosas que nos pasan sin que podamos evitarlas? ¿De Cupido que nos agarra desprevenidos en el trabajo, en el subte, en una fiesta aburrida, mientras
pensábamos en otra cosa?
Falacias, falacias. Hablar de amor es hablar, antes que nada, de un deseo. De un anhelo profundo y del camino transitado hacia su materialización.
"Yo no buscaba a nadie y te vi" es tan romántico como mentiroso. Porque en realidad es la búsqueda la que habilita la visión, la que nos abre los ojos para mirar y encontrar. La que prende el faro, enciende el radar y agudiza ese instinto que pone los músculos en alerta y nos eriza los pelitos del cuello cuando algo nos mueve el piso.

Fito, yo te banco en todas, pero hacete cargo y cambiá esa letra. Mirá que seré una fan comprensiva, que para hacértela más fácil, te propongo algunas opciones:
Una a prueba de analistas: "Te vi, te vi, te vi, yo inconscientemente estaba buscando a alguien y te vi"
O bien una que ya tiene el alta: "Te vi, te vi, te vi, después de años de terapia estaba listo para contruir algo real y te vi"
Una por conveniencia: "Te vi, te vi, te vi, me quería mudar ya de la casa de mis viejos y no me alcanzaba para pagar un alquiler yo solo y te vi"
La que se hace cargo: "Te vi, te vi, te vi, no me bancaba más estar solo como un perro y te vi"
Y personalmente, la que más me gusta: "Te vi, te vi, te vi, tenía unas ganas bárbaras de dar amor y te vi"

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jueves, abril 23, 2009

Finales, principios

Las manías de Lula dice no al fade out, y se queda sin dudas con el corte directo.
Aunque, bue, a decir verdad, Las manías de Lula prefiere los principios de las canciones, cuando todavía queda todo por (re)descubrir.

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lunes, diciembre 15, 2008

La vida, los covers

Lo mejor que pudo hacer Fito con algunas de sus canciones fue volver a grabarlas. A “Mariposa technicolor” ya no la pasaba nadie. Estaba gastada por las masas. Aburría. Pero en Euforia, Páez la ralentó, destiló su esencia poética y la resignificó. El “todos yiran y yiran” encontró su verdadero potencial melancólico.
“Tuyo siempre” de Calamaro era una especie de dub cáustico. Él, el artista, se fue de viaje al cosmos, se encontró consigo mismo, volvió, y ese fue El regreso. La tocó de nuevo con Bersuit hecha cumbia, y la canción fue un verdadero descarne. “Va a ser mejor que te empiece a olvidar”.
Y otra cumbia: cuando Pablo Lescano subió al escenario de River con su tecladito tuneado con los colores de la bandera jamaiquina y un cuerpo de mujer pintado para hacer “Padre nuestro” con los Cadillacs, el estadio explotó. Mientras la multitud bailaba embriagada de pura vida, la magnitud era tal porque ese instante era el encuentro de dos mundos que eclosionaban con una potencia impresionante, impregnando todo lo que tocaban con su alta poesía, su belleza, y las palmas de todos arriba y arriba. Todos estos años no habían sido más que una antesala. La canción había nacido para ese momento.

“Serás lo que debes ser o no serás nada”. Durante mucho tiempo creí que la frase era de un fascismo terrible. Pensaba que respondía al imperativo categórico kantiano, aquel demoledor deber-ser que necesariamente se opone a la búsqueda, al juego, a la tan ansiada libertad.
Pero escuchando el teclado de Lescano se abrieron las puertas de una verdad revelada: la frase quiere decir “hacete cargo de tu potencial, descubrí qué te hace vibrar y no seas tan cagón como para no ir a buscarlo”. Es una franca invitación a la aventura.

La vida es así. Podés entretenerte leyendo la Pronto en la sala de espera, pero no debés olvidar jamás que no viniste para eso.
Hay cosas que nacieron para ser exactamente lo que son, y otras que están latentes. Canciones, ideas, personas, que no agotaron su potencial poético, y están como esperando que alguien venga, las toque y las reviva.
El cover, tomado en su sentido amplio de reversión (y cada reversión es un eslabón más en una larga cadena de traiciones) termina cuando alguien encuentra la versión definitiva. Tal vez era la primera, la única. Quizás hace falta mucho tiempo de búsqueda para encontrar la verdadera esencia. Entonces, ya no se llama cover. Es una canción con todas las letras.

Si alguna vez sentís que estás para otra cosa, es hora de buscar otra melodía, otro ritmo, de hacer otros arreglos. Porque la vida es una sola, no hay tiempo para probar diferentes bocetos. No hay prueba y error, sólo una oportunidad para cantar muy fuerte hasta quedarnos sin voz. Entonces la canción terminará, y sólo habrá silencio.

Mientras tanto, somos la canción que somos. No hay otra verdad que la realidad que nos toca. Pero al mismo tiempo no hay nada más hermoso que el deseo de despertar de la latencia, de destaparse, de explotar.
La decisión es tuya: serás lo que debas ser, o serás cover.

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miércoles, octubre 15, 2008

El perreo y el amor

Hay una verdad no siempre dicha por los estudiosos de la compleja ciencia del amor y las relaciones humanas: el aprecio y el interés romántico por un potencial candidato tienden a ser inversamente proporcionales a la consideración que el mismo tenga para con el sujeto de observación. O sea, cuánto peor el maltratador, más suben sus chances de ser objeto de afecto. Y también del otro lado: más te tratan como perro, más movés la cola para que te saquen a pasear.

Muchas canciones confirman la teoría. ¿Quién puede ser más abonado al sufrimiento que un artista? Algunos, hasta que dejaron el vicio, se enamoraron y tuvieron hijos, supieron ser bastante recurrentes con el tema. “Contigo sólo puedo perder, tu me estás atrapando otra vez. Y aunque alguien me advirtió, nunca dije que no, y ahora tengo que esconder las heridas. Y ese pulso que jugué, porque quise lo perdí...” O también: “La última vez que te vi terminé bastante mal. Mis amigos me dijeron no te enamores la primera vez, y no les hice caso… Pero igual, enganchate conmigo”.
Hasta lo dijeron con palabras de otros, pidiendo al mozo: “sírvame la copa rota, sírvame que me destroza esta fiebre de obsesión. Mozo, sírvame la copa rota, quiero sangrar gota a gota el veneno de su amor”.

La verdad es que no inventaron nada nuevo: el tango ya lloró mil veces por amor; borracho, solo y traicionado en la puerta de la milonga.
Pero lo cierto es que no hace falta ser malevo, ni argentino, para esperar “bajo la lluvia dos horas, mil horas, como un perro”. Alcanza con sentir algo, con estar vivo.

Tomemos si no un hitazo del reggeatón, síntesis perfecta entre el perreo y el amor:

Ella me levantó (Daddy Yankee)

Tu me dejaste caer

pero ella me levantó
llámale poca mujer
pero ella me levantó

Me fallaste, abusaste, vacilaste, ella me revivió

me dejaste, te bullaste, ahora es tarde, ella me rescató

Limpió mis heridas a tiempo

sanó todo mi sufrimiento
por más que me llores no pienso romper
con esa nena que me dice papi te quiero

Llora nena, llora llora

viste ma cómo son las cosas
llora nena, llora llora
dime tu quien se ríe ahora

Llora nena, llora llora

las que juegan se quedan solas
llora nena, llora llora
y ese cuento no pasa de moda

Te quise más que al mismo cielo,
tu eras mi vida ma
te quise mas que a las estrellas
lo nuestro lo echaste por suelo, por el piso ma
me levantó la mano de ella

Tu te fuiste y me dejaste
y me tiraste por el suelo
pero ella me levantó
me dejaste tirado como un perro muerto
pero ella me levantó

Llora nena, llora llora

El concepto es clarísimo:
Todo bien flaco. Yo soy una mierda. Ella es un amor. Yo te cagué la vida. Ella te levantó.
Pero la canción me la estás escribiendo a mí.

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martes, junio 10, 2008

Confesión

A la mañana en el cosito, yo escucho reggaeton.
Que alguien me diga al oído "atrevete-tete, salte del closet", me pone así como de buen humor.

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miércoles, abril 16, 2008

El arte de vivir con fe

Fito en las escalinatas de la Facultad de Derecho, tocando gratis por el aniversario local de una conocida revista del palo, cantó eso de "Naturaleza sangre... fuimos hechos para herir". "Y tu amor te salva", dice el tema al final. "A veces", aclaró él.

No hacía falta, Rodolfo. Estábamos mejor sin saberlo.

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sábado, julio 07, 2007

Lo público, lo privado, los ídolos y el amor

El rock nacional habla mucho de amor. La masa sudorosa que se amontona y se toquetea en los estadios no pide sólo sexo y droga. Los discursos del más noble de los sentimientos –según dicen los entendidos– atraviesan el pogo, cortan en dos el bardo y lo resignifican.

En Argentina, el rock and roll es pueblo por excelencia, y como tal tiene los pies sobre la tierra. A veces también vuela, pero eso es otra historia.
En el medio, se configura una visión sobre el amor: el del juego del adentro y el afuera, aquel que se afirma bajo la mirada ajena. “Creo que no te dejé jugar con fuego. Sólo nos dijimos cosas al oído”. Las verdaderas explosiones ocurren cuando se grita a los cuatro vientos; de otro modo, tan sólo cenizas quedan.
En el amor, como en el desengaño, algo es en tanto se ve, adquiere entidad cuando queda evidenciado: “No me lastimes con tus crímenes perfectos, mientras la gente indiferente se da cuenta”. Se sufre en la calle, volviendo al barrio derrotado, sacando a pasear el dolor “como un tonto”, hasta acabar con lo poco que queda de uno mismo.
Y si el amor se arma en lo colectivo, tanto así podrán construirse las corazas en el aval de los otros, para cantar las cuarenta y decir ya no te quiero, ya no me duele (dos veces mentira), “no te olvides que soy grande porque tengo multitudes que me esperan afuera”.
Andrés Calamaro, el encargado de ponerle poesía a todo esto, es un grosso, un ídolo (humano) entre el resto de los mortales, esos antihéroes cotidianos sobre los cuales manda la lógica del qué dirán –la mayoría de las veces, la mayoría de nosotros–.

Pero hay otras veces, otras letras, otros poetas. Fito Paez es (mentira; al menos algún día supo ser) un elevado. Para el que alcanzó la iluminación cada acto está tocado por la magia y el amor se mete en cada recoveco. No hay espacios para amar bien y otros hostiles; el “para mí no existe un lugar mejor que aquí solamente los dos” se derrumba mientras los amantes se apropian del mundo, y el cielo es el límite, y la totalidad transfigurada en belleza se afirma. Y si algo sale mal, “no importa porque todo todo todo todo todo todo esto es de los dos”. Todo es todo, está claro. El amor no se construye por oposición con el afuera, sino que el mundo íntimo es lo único que existe, lo puebla todo, cada rincón del universo. Lo que “nos dijimos... al oído”, el secreto, es la posta.

Lo público y lo privado recortan dos maneras posibles de vivir el amor, y los ídolos les prestan sus palabras. O (los más cáusticos, y tal vez por eso más soñadores) mandan al carajo los esquemas, y que no se diga más. Porque “un amor real” trasciende las sociedades, las reglas del tiempo y de la lógica: “es como dormir y estar despierto”.
Quizás el misterio se esconda más allá, en ese lugar único en el que nadie ha estado porque se funda nuevamente cada vez que se ama, cada vez que alguien cruza “la línea final”.

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lunes, octubre 30, 2006

De música ligera

Nito Mestre era a Sui Generis lo que Paul McCartney a los Beatles
Joe Satriani es como Walter Giardino pero con prestigio

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